Melody Noboa

Siento que los ecuatorianos, damos al agua y a todo su ecosistema por sentado. La encontramos en todos lados: en las festividades de carnaval cuando lanzamos globos de agua al primer ingenuo que se nos cruza, en el minuto extra en el que dejamos la llave abierta porque solo fue un rato, qué es lo peor que podría pasar, en la envoltura del helado que nos comimos en la playa y dejamos botada en la arena porque nunca pensamos en que la marea subirá y la volverá parte de su ecosistema, que se convertiría en el alimento y veneno de aquellos animales que últimamente se esfuerzan por sobrevivir con otros desechos mal gestionados por los humanos.

El agua puede significar muchas cosas. Es el elemento que nos compone en un 70% a los seres humanos y ecosistemas, aunque su existencia va decreciendo con el paso de los años por el incremento de la producción de tecnología, que implica un uso desmedido del agua; también significa esperanza mezclada con la tragedia que viene con sobrevivir.

En el blog F-ILIA comenzamos este especial de crónica pensando en la ciudad y el agua en sus múltiples formas. Geovanna Goyes nos muestra que el agua puede ser un hogar y una ruina aproximada al desastre, un lugar donde, en un país donde la tierra está en disputa, las personas encuentran un lugar de descanso para establecerse y fijar como parte de su memoria la relación con el río.

El agua también puede ser nostalgia, como lo es para Alejandro Santillán, quien denomina el agua como un recuerdo al que solo puede acceder en su mente: “… el río ahora se extendía una franja de tierra seca, como un espacio borrado. No había agua, ni sombra, ni rastros de humedad”. La memoria es una herramienta que todos debemos aprender a manejar en cuanto algo desaparecer, como el río Salitre en el camino que Santillán jamás volverá a recorrer con la misma cotidianidad.

El agua, por otro lado, puede significar pérdida. El mismo desastre natural que todos temen sin ser conscientes que está más cerca de lo que imaginan. El agua es algo impredecible, su caída es inesperada y sus consecuencias inimaginables. Puede ser un voto de suerte como la decadencia de toda una comunidad, lo cual es lo que el texto de Hungría no permite experimentar con palabras y anécdotas que se filtran bajo nuestras pieles.

En las tres crónicas, el agua va a tomar distintos sentidos. Va ser un hogar, un recuerdo y una parca, pero va seguir siendo lo que siempre fue, un elemento que se mantiene presente hasta el final de nuestros días.