{"id":561,"date":"2022-05-05T14:41:50","date_gmt":"2022-05-05T19:41:50","guid":{"rendered":"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/?p=561"},"modified":"2024-03-14T07:54:38","modified_gmt":"2024-03-14T12:54:38","slug":"ventana-abierta-diario-de-un-joven-compositor-en-paris-xii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/2022\/05\/05\/ventana-abierta-diario-de-un-joven-compositor-en-paris-xii\/","title":{"rendered":"Ventana abierta \u2013 Diario de un joven compositor en Par\u00eds (XII)"},"content":{"rendered":"<p>Las puertas autom\u00e1ticas se cierran lentamente con el sonar de la alarma. Oscilando durante unos segundos, a intervalo de una tercera mayor, su sonido sinusoidal anuncia el inicio inminente de nuestro viaje. La luz tenue del vag\u00f3n y la sensaci\u00f3n de estar suspendido en el aire son el preludio perfecto para lo que me espera esta noche. El tren entra en movimiento. Se escucha una voz de mujer, dulce y tranquila diciendo: pr\u00f3xima estaci\u00f3n, Paris Saint-Lazare. Un hombre recorre los pasillos del tren tocando el acorde\u00f3n y pidiendo limosna. Desde la ventana, la Luna llena luce imponente en el firmamento. Vestida de luces como una estrella, la Dama de Hierro la acompa\u00f1a. Ella posa erguida y elegante esta y todas las noches para los turistas, los pasantes y los amantes consentidos. Su faro gira dando ritmo y protagonismo a la ciudad. El ruido irreprimible en las calles y bulevares es el testimonio de la fren\u00e9tica e intensa vitalidad que se vive aqu\u00ed.<\/p>\n<p>La gente se aglutina impacientemente delante de la puerta de salida del vag\u00f3n llegando a nuestro destino. No hay un solo segundo que perder, parecen decir sus miradas expectantes en el reflejo de la luna de la puerta. Los halles y corredores de la estaci\u00f3n son muy concurridos y recorridos con velocidad y determinaci\u00f3n. Hay colas para entrar en algunas boutiques y los caf\u00e9s est\u00e1n repletos. La estaci\u00f3n parece una carrera de obst\u00e1culos. Bajo tres pisos y atravieso varios t\u00faneles. Tomo la l\u00ednea<\/p>\n<p>12. Antes de llegar a Jules Joffrin desv\u00edo mi rumbo, bajo en Lamarck, subo las escaleras y cruzo la calle Caulaincourt. A un par de cuadras de aqu\u00ed, las tumbas de Arriaga, Berlioz, Delibes, Jolivet y Offenbach, entre muchos otros, yacen majestuosas en el cementerio de Montmartre. En aquel instante, mi paseo se ve interrumpido por una melod\u00eda \u201cTrilce\u201d como uno de los versos del vate peruano. Su cadencia se apodera del presente. Lo dilata, lo detiene, lo enternece y todo cambia inexorablemente. Por unos segundos mi escucha se balancea como estando en un columpio cuyo cada impulso proviene de una caricia eterna. Propulsado hacia el limbo por el movimiento perpetuo de la mano izquierda del pianista, soy prisionero del encanto producido por cada nota. Es el embrujo de la m\u00fasica, dec\u00eda Jankelevitch. Sin embargo, no cualquier m\u00fasica alcanza este sortilegio. Es la Gymnopedie N\u00b03 de Erik Satie. Alguien la est\u00e1 escuchando en uno de los coches mientras la luz del sem\u00e1foro es roja. Extra\u00f1a e ir\u00f3nica coincidencia. Pobre hombre. El \u201cMaestro de Arcueil\u201d vivi\u00f3 miserablemente, durante varios a\u00f1os, a unos metros de aqu\u00ed, en un cuarto tan chico, pero tan chico, que apenas pod\u00eda acostarse en \u00e9l. Hoy, el misterio de la noche, en estos cortos segundos, le rinde un tributo p\u00f3stumo, como arrepinti\u00e9ndose por la resaca de todo lo sufrido.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-564  alignright\" src=\"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2022\/05\/arroyo2.jpeg\" alt=\"\" width=\"571\" height=\"759\"><\/p>\n<p>Con esta imagen en mente, contin\u00fao mi azarosa trayectoria cuesta arriba, cruzo la plaza Dalida que se encuentra frente a La Cit\u00e9 Internationale de Arts y tomo la calle Cortot, pasando por el Museo de Montmartre, otrora taller de artistas como Auguste Renoir, Suzanne Valadon y Raoul Dufy, entre otros. Llegando al Square Claude Charpentier, a unos metros del lugar donde quedaba la casa de Hector Berlioz, volteo a la derecha y avanzo por la calle de Mont-Cenis. Las v\u00edas est\u00e1n abarrotadas de turistas fascinados por la denominada \u201cBelle \u00e9poque\u201d. El ambiente festivo y la concurrencia exaltada dan la ilusi\u00f3n de una coreograf\u00eda del \u00e9xtasis. Todos los idiomas participan en este coro urbano. Los pintores de la Place du Tertre van terminando los \u00faltimos trazos de la jornada. En uno de los restaurantes, un tr\u00edo de m\u00fasicos ameniza la noche con jazz manouche, y en otro, una soprano y un pianista nos recuerdan el \u201cNon, je ne regrette rien \u00bb de Charles Dumont, cantada por la c\u00e9lebre Edith Piaf. Cu\u00e1nta verdad en tan pocas palabras.<\/p>\n<p>De pie, dando la espalda a la Bas\u00edlica del Sacre Coeur, la veo. Grandiosa, ind\u00f3mita, seductora y desafiante como siempre. Atrayendo la atenci\u00f3n del mundo entero que sue\u00f1a con despertarse al alba abras\u00e1ndola, recorri\u00e9ndola y disfrut\u00e1ndola. Me quedo unos instantes contempl\u00e1ndola, a pesar del fr\u00edo invernal que hoy asoma su manto glacial advirtiendo el arribo de d\u00edas anochecidos.<\/p>\n<p>A\u00fan recuerdo el d\u00eda en que te conoc\u00ed. Tuve la sensaci\u00f3n de estar perdido en una ciudad de gigantes. Me sent\u00ed min\u00fasculo frente a tus palacios, tus estatuas y tus memoriales. Ahora, delante de ti, tratando de atraparte con la mirada, pierdo la noci\u00f3n del tiempo y el aire fr\u00edo congela mis manos y mis orejas. De un arco al otro, de torre a torre, atravieso con la mirada tus formas y sue\u00f1o que pierdes tus fronteras. Todo esto vale la pena y no, no me arrepiento de nada. El fruto de tus a\u00f1os me hace olvidar los d\u00edas jueves, los huesos h\u00fameros y los aguaceros. Respiro tu perfume, me alejo lentamente y tomo las abismales escaleras que conducen a la calle Tardieu.<\/p>\n<p>Volteo a la derecha, atravieso el festivo barrio de Abbesses y cruzo de nuevo la calle Caulaincourt. En este momento, a pesar de la distancia que me separa de mi Lima, aquella que ronda mis pensamientos y que nutre muchos de mis sue\u00f1os, me doy cuenta, Par\u00eds, que soy tanto de aqu\u00ed y que soy tanto de all\u00e1.<\/p>\n<p>Bajo por las escaleras que dan a la calle de la Font du But. El bar de la esquina est\u00e1 por cerrar. D\u00e9jame que te cuente, Par\u00eds, que existe una ciudad en el hemisferio sur, mirando erguida hacia el Pac\u00edfico que, previo al aterrizaje, se devela bajo un manto de nubes como un tesoro escondido, como un refugio incierto o como una satisfacci\u00f3n que se impregna en el alma.<\/p>\n<p>Llegando al \u00f3valo tomo la calle Duhesme. Lima, esa ciudad fren\u00e9tica y furiosa, cuyo caos y violencia definen, en parte, la noci\u00f3n de hogar en mi vocabulario, no me quita. Sin embargo,<\/p>\n<p>cuando estoy en ella, recorriendo sus playas, visitando sus casonas y paseando por sus parques y plazas, te recuerdo, Par\u00eds, con a\u00f1oranza y en mi sue\u00f1o de angustia te llamo con el temor de no volver a verte.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-563  alignleft\" src=\"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2022\/05\/aroyo3.jpeg\" alt=\"\" width=\"668\" height=\"504\">Atravieso la calle Clo\u00ffs y prosigo por la calle Duhesme. Todo es imperfecto y muchas de las cosas que hoy te cuento son contrarias pero sinceras. No tengo explicaci\u00f3n justa para el amor de mis dos hogares y tampoco pretendo o quiero justificarlas. Llevo en mi saco cantos, poemas, el perfume de una noche, algunas fotos y mucho afecto.<\/p>\n<p>He llegado a la calle Ordener, espero la luz peatonal \u00e1mbar para cruzarla. Abro la puerta del edificio y subo tres pisos. Regreso a casa con tu imagen cincelada en la memoria. La noche ser\u00e1 inmensa y honda. Lejana duerme la ciudad encantada con amarillo sol, dec\u00eda el poeta. Con algo de suerte, ella me guiar\u00e1 a trav\u00e9s de esta noche por las ondas migratorias, a veces turbias, a veces brillantes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">Las puertas autom\u00e1ticas se cierran lentamente con el sonar de la alarma. 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