{"id":2302,"date":"2026-07-15T09:51:13","date_gmt":"2026-07-15T14:51:13","guid":{"rendered":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/?p=2302"},"modified":"2026-07-17T08:50:00","modified_gmt":"2026-07-17T13:50:00","slug":"juan-villoro-o-cuando-el-balon-escribe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/2026\/07\/15\/juan-villoro-o-cuando-el-balon-escribe\/","title":{"rendered":"Juan Villoro, o cuando el bal\u00f3n escribe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><strong><em>Hay partidos que terminan con el pitazo final y otros que contin\u00faan en los libros. La trilog\u00eda futbolera de Juan Villoro pertenece a esos relatos donde el bal\u00f3n sigue rodando mucho despu\u00e9s del \u00faltimo gol.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>Por Dami\u00e1n De la Torre Ayora<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Calentamiento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todav\u00eda no rueda el bal\u00f3n, pero el partido ya empez\u00f3. Comienza cuando alguien ajusta el \u00faltimo cord\u00f3n de sus zapatos, cuando una madre busca con la mirada a su hijo desde las gradas, cuando el vendedor de cervezas calcula cu\u00e1ntas gargantas secar\u00e1 esa tarde o cuando un hincha aprieta una entrada que, durante toda la semana, fue un boleto hacia la ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los jugadores trotan. Estiran las piernas, prueban los botines, intercambian pases cortos. Desde la tribuna, esos movimientos parecen apenas una rutina, pero en realidad son un lenguaje silencioso. Cada toque al bal\u00f3n intenta convencer al cuerpo de que est\u00e1 listo para resistir noventa minutos de incertidumbre. El calentamiento no prepara \u00fanicamente los m\u00fasculos, pues tambi\u00e9n ordena las emociones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las gradas tambi\u00e9n se sienta un c\u00famulo de sensaciones. Una bandera se despliega, un bombo marca la primera nota de una barra, alguien ensaya un c\u00e1ntico que otros terminar\u00e1n haciendo suyo. Poco a poco, miles de personas dejan de ser individuos para convertirse en una sola voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El marcador sigue intacto y todos los desenlaces contin\u00faan siendo posibles. Nadie sabe qui\u00e9n celebrar\u00e1 ni qui\u00e9n regresar\u00e1 cabizbajo. Lo \u00fanico seguro es que, cuando el \u00e1rbitro d\u00e9 el pitazo final, ya no habr\u00e1 marcha atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 por eso el f\u00fatbol sigue convocando a millones de personas. Antes de cada partido existe un breve momento en que la realidad suspende sus certezas y concede el raro privilegio de creer que cualquier historia puede escribirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es justamente desde ese lugar, donde la emoci\u00f3n precede a la explicaci\u00f3n, y desde donde el escritor mexicano Juan Villoro decide entrar a la cancha. Esto ocurre en cada uno de los libros que componen su trilog\u00eda de textos futboleros: <em>Dios es redondo<\/em>, <em>Bal\u00f3n dividido <\/em>y <em>Los h\u00e9roes numerados<\/em>, publicada por Seix Barral (Planeta).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Primer tiempo: la pasi\u00f3n como patria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay pasiones que no se eligen, pues llegan antes de que uno tenga edad para entenderlas y se quedan como una herencia imposible de devolver. Eso es <em>Dios es redondo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Villoro aprendi\u00f3 sobre el f\u00fatbol en casa. De su padre, el fil\u00f3sofo catal\u00e1n Luis Villoro, hered\u00f3 una simpat\u00eda inevitable por el Barcelona, un v\u00ednculo que cruzaba el Atl\u00e1ntico y que hablaba tanto de identidad como de deporte. Solo que el coraz\u00f3n, caprichoso como un bal\u00f3n mal rechazado, decidi\u00f3 instalarse tambi\u00e9n en otra parte. Eligi\u00f3 al Necaxa, club de nuestro \u00c1lex Aguinaga, de quien es devoto, un equipo que durante d\u00e9cadas hizo del sufrimiento una forma de fidelidad. All\u00ed comenz\u00f3 una historia de amor que no necesit\u00f3 t\u00edtulos para justificarse y solo bast\u00f3 la infancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa es la primera gran revelaci\u00f3n de <em>Dios es redondo<\/em>. El f\u00fatbol no se comprende desde la raz\u00f3n, sino desde la memoria. Somos del equipo que abraz\u00f3 nuestros primeros domingos, del estadio que ol\u00eda a c\u00e9sped h\u00famedo, a papas de la Mar\u00eda y empanadas de morocho, del gol que alguien celebr\u00f3 levant\u00e1ndonos en brazos cuando todav\u00eda no alcanz\u00e1bamos a ver por encima del hombro de los adultos.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"487\" height=\"838\" src=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2312\" style=\"aspect-ratio:0.581148610852135;width:338px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-1.jpg 487w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-1-174x300.jpg 174w\" sizes=\"(max-width: 487px) 100vw, 487px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Portada de Dios es redondo, publicado en 2026 y reeditado 20 a\u00f1os despu\u00e9s por Seix Barral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 por eso Villoro entiende que la pasi\u00f3n es una fuerza ambigua. Es capaz de reunir a desconocidos en un abrazo que dura apenas unos segundos y, al mismo tiempo, de despertar los peores impulsos. El estadio puede ser un santuario compartido, pero tambi\u00e9n un territorio donde las barras bravas convierten la pertenencia en violencia y la identidad en intolerancia. El mismo fervor que construye comunidad puede, llevado al exceso, justificar lo injustificable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa contradicci\u00f3n atraviesa el libro de principio a fin. Esto, porque el f\u00fatbol nunca ha sido solamente un juego. Es un escenario donde se proyectan las virtudes y las miserias de quienes lo observan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Hidrataci\u00f3n: No estoy de acuerdo con las pausas. Con la tinta de Villoro desbordando por la banda y las letras ya en la cancha, el partido de la lectura se juega sin parar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mart\u00edn Caparr\u00f3s ha escrito que el f\u00fatbol es una de las pocas ficciones capaces de ser vividas como una verdad absoluta durante noventa minutos. Villoro parece dialogar con esa idea. Sus p\u00e1ginas est\u00e1n habitadas por hinchas que creen, dudan, sufren y regresan cada semana convencidos de que esta vez ser\u00e1 distinto. La esperanza, en el f\u00fatbol, siempre juega de local.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No todos comparten esa mirada. Tambi\u00e9n cita a Borges y Bioy Casares, quienes desconfiaban del fen\u00f3meno futbolero. Lo consideraban una exaltaci\u00f3n de lo colectivo, una ceremonia donde la pasi\u00f3n suspend\u00eda el juicio cr\u00edtico. Sin embargo, incluso esa distancia termina revelando algo esencial: el f\u00fatbol provoca adhesiones y rechazos con la misma intensidad. Nadie permanece completamente indiferente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Villoro responde sin polemizar. Lo hace contando historias. Como la de Moacyr Barbosa, el arquero brasile\u00f1o se\u00f1alado durante medio siglo por el Maracanazo de 1950. Cuando muri\u00f3, en abril de 2000, el pa\u00eds que hab\u00eda elevado a tantos futbolistas a la categor\u00eda de h\u00e9roes apenas acompa\u00f1\u00f3 su despedida. El hombre que tambi\u00e9n hab\u00eda ganado campeonatos y construido una carrera brillante fue recordado \u00fanicamente por un gol que no pudo evitar. En el f\u00fatbol, la memoria suele ser menos justa que la estad\u00edstica y mucho m\u00e1s persistente que cualquier trofeo, porque el bal\u00f3n no solo fabrica campeones, sino que tambi\u00e9n inventa fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese mismo juego convirti\u00f3 a Francia en campeona de 1998 y dej\u00f3 a Brasil contemplando una derrota que parec\u00eda imposible; cuatro a\u00f1os despu\u00e9s le ofreci\u00f3 una revancha perfecta en Corea y Jap\u00f3n. El f\u00fatbol vive de esas simetr\u00edas improbables. Un Mundial no corrige al anterior, pero convence a millones de personas de que la historia siempre concede una segunda oportunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, si existe un nombre que resume esa l\u00f3gica de ca\u00eddas y resurrecciones, ese es Diego Armando Maradona. Ning\u00fan otro futbolista ha habitado con tanta naturalidad el cielo y el abismo. Fito P\u00e1ez, al describir al Chico de la Tapa en uno de sus temas, dice que estuvo siempre \u201cnaciendo, muriendo y resucitando\u201d. Eso encaja con lo que escribe Villoro sobre el Diego, quien dej\u00f3 de pertenecer \u00fanicamente al deporte para convertirse en un relato colectivo, un personaje que sobrevive a cada generaci\u00f3n que encuentra una nueva forma de contarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>Dios es redondo<\/em> no importa tanto el resultado de los partidos como aquello que dejan cuando el \u00e1rbitro marca el final. Villoro entiende que los campeonatos terminan, los \u00eddolos envejecen y las copas cambian de due\u00f1o. Lo \u00fanico que permanece es esa obstinaci\u00f3n infantil que hace regresar al hincha una y otra vez, convencido de que el pr\u00f3ximo domingo volver\u00e1 a sentirse como la primera vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Entretiempo: Villoro aprovecha la pausa para mirar el partido desde otra altura. Sus p\u00e1ginas transitan con la misma naturalidad entre la tragedia griega y un gol de \u00faltimo minuto, entre Shakespeare y una conversaci\u00f3n de tribuna, entre la filosof\u00eda y el comentario del hincha que jura haber visto el mejor partido de la historia. Villoro convierte cada referencia en un pase preciso. Nunca presume erudici\u00f3n, la pone al servicio del juego y del placer de contar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Segundo tiempo: el bal\u00f3n no es de uno solo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con <em>Bal\u00f3n dividido<\/em>, Villoro sale nuevamente a la cancha. La pelota ahora rueda entre contratos millonarios, c\u00e1maras de televisi\u00f3n, redes sociales y una industria que convirti\u00f3 a los futbolistas en marcas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como buen cronista, encuentra en la literatura un compa\u00f1ero de vestuario. Recupera a Juan Carlos Onetti, quien antes de convertirse en uno de los grandes narradores latinoamericanos fue alba\u00f1il y vendedor de entradas del estadio. El narrador uruguayo coincid\u00eda con C\u00e9sar Luis Menotti: \u201cEl f\u00fatbol es el \u00fanico sitio donde me gusta que me enga\u00f1en\u201d.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"342\" height=\"584\" src=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-2.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2309\" srcset=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-2.jpeg 342w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-2-176x300.jpeg 176w\" sizes=\"(max-width: 342px) 100vw, 342px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Bal\u00f3n dividido (2026)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre todas las figuras que desfilan por el libro, ninguna alcanza la delicadeza con la que Villoro retrata a Lionel Messi. No empieza por los Balones de Oro ni por las vitrinas repletas de trofeos. Prefiere regresar al ni\u00f1o de cinco a\u00f1os que dejaba atr\u00e1s a rivales mucho mayores con facilidad. Antes que un campe\u00f3n, descubre a un chico que entend\u00eda el bal\u00f3n como una extensi\u00f3n del cuerpo, alguien para quien gambetear nunca fue un recurso, sino un idioma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claro que, si Messi representa la precisi\u00f3n silenciosa, Maradona encarna la contradicci\u00f3n permanente. En apenas unos minutos fue capaz de convertir el Gol del Siglo y la Mano de Dios, la obra maestra y la trampa, el genio y el p\u00edcaro. Dos maneras de entender el f\u00fatbol condensadas en un mismo partido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Villoro tambi\u00e9n se detiene en esos futbolistas que parec\u00edan desafiar las leyes de la f\u00edsica. Ronaldinho jugaba con la sonrisa de quien conoce un truco que nadie m\u00e1s ha descubierto. Ronaldo Naz\u00e1rio, incluso cuando su cuerpo parec\u00eda desafiar el molde del atleta perfecto, segu\u00eda resolviendo partidos con una mezcla desconcertante de potencia y delicadeza. Ambos demostraron que la magia no depende del estado f\u00edsico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Hidrataci\u00f3n: No necesitamos agua. Para esta pausa es mejor un caf\u00e9 directo a las venas para encender los reflejos. La cancha sigue activa y la lectura exige estar bien despiertos. Uno no puede dejar de leer a Villoro\u2026 hay que seguir jugando.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay equipos que terminan pareci\u00e9ndose a sus entrenadores. El Barcelona de Pep Guardiola es uno de ellos. Villoro lo describe con la fascinaci\u00f3n de quien observa una carrera de F\u00f3rmula 1, por eso pide al lector que se abroche los cinturones. Tras leerlo, uno piensa en el famoso perfil de Gay Talese sobre Frank Sinatra que, al describirlo resfriado, dice: \u201cEs un Ferrari sin gasolina\u201d. Pues, al contrario, en el caso del Barcelona, los jugadores eran once b\u00f3lidos en su m\u00e1xima potencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n, <em>Bal\u00f3n dividido<\/em> cruza la l\u00ednea de cal y entra a los camerinos, a las portadas de las revistas y a la maquinaria medi\u00e1tica que convierte la vida privada en un espect\u00e1culo. La relaci\u00f3n entre Gerard Piqu\u00e9 y Shakira deja de ser un simple romance entre celebridades para ilustrar c\u00f3mo el f\u00fatbol dej\u00f3 de pertenecer exclusivamente al deporte y pas\u00f3 a ocupar el centro de la far\u00e1ndula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s conmovedores es el dedicado al arquero alem\u00e1n Robert Enke. Ser cancerbero implica convivir con una forma particular de la soledad: el error siempre se amplifica y el acierto apenas dura unos segundos. Enke, que durante a\u00f1os luch\u00f3 contra la depresi\u00f3n, termin\u00f3 quit\u00e1ndose la vida en 2009. Su historia recuerda que ni el \u00e9xito, ni el reconocimiento, ni los estadios llenos bastan para silenciar las batallas que se libran fuera de la cancha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y si Messi representa la discreci\u00f3n, Cristiano Ronaldo aparece como su espejo invertido. Villoro lo compara con Narciso, no para ridiculizarlo, sino para comprender una \u00e9poca. Su confianza puede parecer excesiva, incluso inc\u00f3moda, pero responde a la l\u00f3gica del espect\u00e1culo contempor\u00e1neo. Como escribe el propio autor: \u201cSi Mick Jagger fuera humilde, los Rolling Stones tocar\u00edan en un garaje\u201d. La provocaci\u00f3n deja de ser un defecto para convertirse en parte del personaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-large-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Suplementarios: la heroicidad cotidiana<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de recorrer la pasi\u00f3n del hincha y las contradicciones del f\u00fatbol moderno, Villoro cambia de estrategia. En <em>Los h\u00e9roes numerados<\/em> ya no persigue un campeonato ni una biograf\u00eda. Prefiere detenerse en aquello que casi siempre pasa inadvertido: una pelota, una camiseta, un abrazo, una rivalidad. Comparte que el f\u00fatbol tambi\u00e9n puede contarse desde los detalles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo comienza con el objeto m\u00e1s simple y, al mismo tiempo, el m\u00e1s extraordinario: el bal\u00f3n. Retrocede miles de a\u00f1os para recordar que la primera pelota de hule naci\u00f3 en territorio mesoamericano, y cuenta c\u00f3mo los olmecas transformaban la savia de un \u00e1rbol en una esfera. Mucho antes de que Charles Goodyear patentara la vulcanizaci\u00f3n, las culturas prehisp\u00e1nicas ya entend\u00edan que una pelota pod\u00eda contener algo m\u00e1s que aire.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es casual que Villoro recuerde a Blaise Pascal y su imagen de Dios como una esfera cuyo centro est\u00e1 en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. La pelota termina siendo mucho m\u00e1s que un implemento deportivo: es una met\u00e1fora de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-600x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2311\" style=\"aspect-ratio:0.5859464408331426;width:330px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-600x1024.jpeg 600w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-176x300.jpeg 176w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-768x1310.jpeg 768w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43-900x1536.jpeg 900w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-15-at-06.06.43.jpeg 938w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size wp-block-paragraph\">Los h\u00e9roes numerados (2026)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con la misma curiosidad cambia de tema y de \u00e9poca. A trav\u00e9s de los ojos de Sof\u00eda observa c\u00f3mo el f\u00fatbol femenino dej\u00f3 de ser una rareza para convertirse en una conquista. Recupera aquel lejano 9 de mayo de 1881, cuando Escocia e Inglaterra disputaron uno de los primeros partidos entre mujeres, y recuerda las d\u00e9cadas en que dirigentes y m\u00e9dicos insistieron en que ellas no deb\u00edan jugar porque un bal\u00f3n pod\u00eda da\u00f1ar sus cuerpos. La historia termin\u00f3 desmintiendo los prejuicios. Lo que durante a\u00f1os fue relegado a los m\u00e1rgenes hoy ocupa estadios, pantallas y conversaciones. El f\u00fatbol tambi\u00e9n aprende a corregirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay objetos que terminan pareci\u00e9ndose a quienes los usan. La camiseta deja de ser una prenda para convertirse en una segunda piel. No viste \u00fanicamente al futbolista; tambi\u00e9n abriga la memoria del hincha, la ciudad de la que proviene y los nombres que la hicieron inolvidable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Villoro construye entonces un \u00e1lbum donde conviven personajes imposibles de reunir en otro lugar. Ren\u00e9 Higuita aparece con la irreverencia que revolucion\u00f3 el puesto de arquero y tambi\u00e9n con las sombras que lo llevaron a la c\u00e1rcel. Franz Beckenbauer, el K\u00e1iser que conquist\u00f3 el f\u00fatbol como jugador, entrenador y dirigente, es recordado tanto por su elegancia como por la imagen imborrable del Mundial de 1970, cuando sigui\u00f3 jugando con el hombro dislocado y el brazo inmovilizado. Ferenc Pusk\u00e1s representa al genio nacido en un pa\u00eds convulso; Luka Modri\u0107, al ni\u00f1o que sobrevivi\u00f3 a la guerra para terminar gobernando el mediocampo del Real Madrid. Cada uno demuestra que detr\u00e1s de los \u00eddolos siempre hay una historia que comenz\u00f3 lejos de los estadios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n hay espacio para detenerse en una acci\u00f3n que ocurre decenas de veces durante un partido: el abrazo. Claro, no solo aparece el abrazo de gol, del festejo, sino ese otro clandestino, que sucede antes de un tiro de esquina. Un defensor sujeta al delantero con una intensidad que jam\u00e1s representa una demostraci\u00f3n de afecto. Es una falta, s\u00ed, pero tambi\u00e9n un reconocimiento silencioso, pues solo se abraza con esa desesperaci\u00f3n a quien se teme y respeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El f\u00fatbol, al final, vive de sus rivalidades. Boca Juniors y River Plate explican buena parte de la historia argentina mucho antes de que ruede la pelota. M\u00e9xico y Estados Unidos trasladan al c\u00e9sped una tensi\u00f3n pol\u00edtica y cultural que se remonta a mucho antes de los estadios y atraviesa episodios que van desde la historia compartida hasta la figura de Porfirio D\u00edaz. Los cl\u00e1sicos nunca empiezan con el pitazo inicial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eso es lo que distingue a <em>Los h\u00e9roes numerados<\/em>. Villoro ya no necesita un Mundial ni una final para explicar el f\u00fatbol. Le basta seguir el recorrido de una pelota, la costura de una camiseta, el origen de un abrazo o la historia de las mujeres que decidieron jugar cuando el mundo insist\u00eda en decirles que no. Descubre que el verdadero protagonista nunca fue el marcador, sino todo aquello que permanece cuando el partido termina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pitazo final: Cuando termina la trilog\u00eda, uno entiende que el partido nunca concluye. Contin\u00faa en la memoria del hincha, en las historias que sobreviven a los resultados y en esa pelota que, como lo expone Villoro una y otra vez, siempre encuentra una nueva manera de volver a rodar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Dami\u00e1n de la Torre Ayora<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Periodista cultural ecuatoriano (Quito, 1984). Colaborador de la Revista Mundo Diners. Estudi\u00f3 Ciencias de la Educaci\u00f3n, Lengua y Literatura y Comunicaci\u00f3n Social. Fue editor y jefe de informaci\u00f3n de Diario La Hora. Ganador de los premios Eugenio Espejo UNP a mejor Entrevista\/Perfil y mejor Cr\u00f3nica en revista; al mejor reportaje del Festival Artes Vivas de Loja, y Primer Premio de Periodismo Constructivo por la Universidad Nebrija.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">Hay partidos que terminan con el pitazo final y otros que contin\u00faan en los libros. 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