{"id":2291,"date":"2026-07-22T12:00:00","date_gmt":"2026-07-22T17:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/?p=2291"},"modified":"2026-07-23T09:02:51","modified_gmt":"2026-07-23T14:02:51","slug":"la-maquina-de-hacer-pajaros-el-aleteo-sin-jaulas-de-natalia-garcia-freire","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/2026\/07\/13\/la-maquina-de-hacer-pajaros-el-aleteo-sin-jaulas-de-natalia-garcia-freire\/","title":{"rendered":"La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros: el aleteo sin jaulas de Natalia Garc\u00eda Freire"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>Por <em>Dami\u00e1n De la Torre Ayora<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los cuentos de <em>La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros<\/em> (P\u00e1ginas de Espuma, 2024), las aves no siempre vuelan. A veces anidan en el est\u00f3mago. Otras ocasiones duermen en una jaula hecha de silencios. Y otras se pudren, se deshacen, caen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Natalia Garc\u00eda Freire, escritora ecuatoriana nacida en Cuenca (1991), vuelve sobre el territorio que viene explorando desde su primera novela. Retorna a ese lugar ambiguo entre lo delicado y lo monstruoso, entre lo dom\u00e9stico y lo fantasmag\u00f3rico, donde la ternura no se opone a la violencia, sino que la sostiene.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con su \u00f3pera prima, <em>Nuestra piel muerta<\/em>, expuso que el tacto familiar, la relaci\u00f3n padre-hijo, puede guardar m\u00e1s fantasmas que memorias. Despu\u00e9s vino <em>Trajiste contigo el viento<\/em>, cuyo armaz\u00f3n rulfiano y gui\u00f1os al realismo m\u00e1gico mostraron la fortaleza femenina desde distintos rostros en el pueblo olvidado de Cocu\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, su nuevo vuelo tiene a las aves como met\u00e1fora del lenguaje para mirar a la sociedad desde un p\u00e9ndulo que oscila entre la fragilidad y la furia. Once relatos breves, afilados, casi peque\u00f1as piezas anat\u00f3micas, est\u00e1n construidos con paciencia de ornit\u00f3loga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las escenas est\u00e1n hechas de lo cotidiano. Una cocina, una habitaci\u00f3n o el cuerpo de una mujer son descritos desde un borde que puede ser humor\u00edstico o siniestro en apenas una l\u00ednea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La locura de la transformaci\u00f3n corp\u00f3rea<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay algo fundamental en estos cuentos. El cuerpo no es superficie ni ornamento, es el escenario del conflicto. En <em>La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros<\/em>, la mente y la carne no se separan. Cuando algo se fractura en el pensamiento, el cuerpo lo registra y lo guarda para despu\u00e9s expulsarlo. Los personajes se transforman no porque algo f\u00edsico los modifique, sino porque la percepci\u00f3n comienza a operar de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto lo personifica la escritora que pareciera sufrir de amnesia en el cuento <em>Las Lumbres<\/em>, porque c\u00f3mo puede recordar algo hasta cuando Dios la ha olvidado. As\u00ed como lo encarnan las mujeres del psiqui\u00e1trico en <em>Formas de reparar lo que no est\u00e1 roto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los trastornos, obsesiones, ansiedades y delirios no aparecen como diagn\u00f3sticos cl\u00ednicos, sino como formas de habitar la realidad. Las transformaciones corporales son \u00edntimas. El modo en que una mano no toca lo que deber\u00eda tocar, el silencio frente a una puerta que deber\u00eda abrirse. Esas peque\u00f1as alteraciones componen un mapa psiqui\u00e1trico del deseo, del miedo y de la memoria. Cuerpos que se tensan, que no duermen, que acumulan la historia familiar como una enfermedad hereditaria.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"438\" height=\"701\" src=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/images-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2324\" srcset=\"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/images-1.jpeg 438w, https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/images-1-187x300.jpeg 187w\" sizes=\"(max-width: 438px) 100vw, 438px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><em>La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros<\/em> (2024) fue publicada por la editorial espa\u00f1ola P\u00e1ginas de Espuma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los p\u00e1jaros, entonces, funcionan como proyecciones de la mente en crisis. Son aquello que intenta escapar y, al mismo tiempo, la jaula y la fuga. Una psique que se defiende como puede, que inventa im\u00e1genes para no romperse del todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garc\u00eda Freire escribe cuerpos que piensan y pensamientos que duelen en el cuerpo. No hay separaci\u00f3n posible. Lo ps\u00edquico es f\u00edsico, lo f\u00edsico es simb\u00f3lico. Esa es la sutileza de su mirada: el sufrimiento mental no es un discurso, sino un temblor m\u00ednimo que el lector percibe sin necesidad de que nadie lo enuncie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Lo pop como memoria afectiva<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay algo m\u00e1s que recorre el libro como una m\u00fasica baja. <em>La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros<\/em> tambi\u00e9n es un t\u00edtulo que vibra con la cultura pop. Una resonancia directa con Charly Garc\u00eda, con aquella banda y aquel disco de los setenta, donde el rock progresivo buscaba abrir una grieta luminosa en medio de un pa\u00eds oscuro como la Argentina de entonces (y quiz\u00e1s de ahora).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claro que lo musical no se queda solo en ese ritmo. Las p\u00e1ginas tambi\u00e9n suenan a cumbia tropical y villera, a cuarteto cordob\u00e9s. Esto hace que los cuentos no tengan un tono solemne, sino cotidiano. Es decir, introduce la cultura pop en el sentido de los registros populares que nos perforan los t\u00edmpanos sin que nos demos cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las im\u00e1genes narrativas dialogan, sin decirlo, con un paisaje audiovisual compartido. Las telenovelas donde aprendimos a nombrar el amor antes de sentirlo. Los melodramas que nos ense\u00f1aron que llorar tambi\u00e9n es un lenguaje. No en vano uno de los relatos se titula <em>Yo amo a Paquita Gallegos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La alusi\u00f3n a los episodios de <em>La Ley y el Orden<\/em> donde el mundo parec\u00eda clasificar lo bueno y lo malo; o los par\u00e1metros paranoicos y encantados de <em>Expedientes Secretos X<\/em>, donde lo inexplicable no era raro, permite alimentar las transformaciones que van sufriendo los personajes. Si bien esto se exhibe en todo el libro, queda en mayor evidencia en <em>Hasta que desearas dejar tu coraz\u00f3n sin sangre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garc\u00eda Freire sabe que esa cultura televisiva, musical, dom\u00e9stica, de sobremesa y radial es la que configura nuestra sensibilidad. Entonces, lo pop no es referencia ni cita acad\u00e9mica: es textura emocional. Es el idioma com\u00fan de una generaci\u00f3n que creci\u00f3 entre el televisor y los cuadernos rayados con letras de canciones. La autora comprende que la sensibilidad se forma en la m\u00fasica que suena mientras lavamos los platos, en la novela que vemos sin admitir que la vemos, en la serie policial donde un crimen s\u00ed se resuelve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, el libro se vuelve tambi\u00e9n una arqueolog\u00eda de lo que nos toc\u00f3. La cumbia como latido. El beber una gaseosa como rito familiar. La televisi\u00f3n como catedral dom\u00e9stica. El pop como archivo afectivo. Y detr\u00e1s de todo eso, una certeza: lo que nos construye no siempre es grandioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El padre como sombra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien el padre aparece en cuentos como <em>La m\u00e1scara de oso <\/em>o el abuelo Celsius en <em>La balada del vaquero <\/em>espacial, su figura siempre est\u00e1 presente m\u00e1s all\u00e1 de ser nombrado. No necesariamente el hombre concreto que habita una casa, sino la idea como eje que organiza el mundo desde la autoridad. No es un personaje, sino una sombra estructural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hasta la ausencia del padre tiene peso. Es un vac\u00edo que ordena. Es esa mirada que nunca se sostiene, esa paternidad que nunca abraza. Es una figura que recuerda a Kafka por esa experiencia de ser hijo o hija (estas predominan en el libro) y sentirse m\u00ednimo, equivocado, fuera de lugar. Esa sensaci\u00f3n de que uno es el insecto en la habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como personajes, las hijas son criaturas que aprenden a habitar la culpa antes que el lenguaje, pues est\u00e1n obligadas a callar. Entonces, la herida es \u00edntima, pero tambi\u00e9n cultural. Un patriarcado que no solo se presenta como violencia, sino como una arquitectura emocional del abandono. Por eso, en los cuentos, la afectividad se vuelve rara y llena de interferencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>Un aleteo final<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre la mezcla de comedia y sordidez, as\u00ed como de lo grotesco y lo tragic\u00f3mico, la prosa de Garc\u00eda Freire tiene una textura particular: es suave en su superficie, pero afilada en su interior. Cada palabra parece elegida por su peso, por eso los cuentos se leen con la sensaci\u00f3n de que algo se desliza debajo de la piel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos cuentos que atraviesan el territorio de lo fant\u00e1stico, donde nada se explica del todo, pues no todo necesita explicaci\u00f3n. La autora conf\u00eda en la inteligencia sensorial del lector, en su capacidad para sentir antes que comprender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leer este libro es aceptar entrar en una casa donde todo parece normal y, de pronto, algo canta detr\u00e1s de una puerta cerrada. No sabemos si es un p\u00e1jaro, un recuerdo o un fantasma. Pero sabemos que algo est\u00e1 movi\u00e9ndose. Y esa vibraci\u00f3n es la literatura de Natalia Garc\u00eda Freire. Una literatura que no busca respuestas, sino que afina el o\u00eddo para escuchar lo que todav\u00eda no sabemos decir.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-accent-color has-alpha-channel-opacity has-accent-background-color has-background is-style-default\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Dami\u00e1n de la Torre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size wp-block-paragraph\">Periodista cultural ecuatoriano (Quito, 1984). Colaborador de la Revista Mundo Diners. Estudi\u00f3 Ciencias de la Educaci\u00f3n, Lengua y Literatura y Comunicaci\u00f3n Social. Fue editor y jefe de informaci\u00f3n de Diario La Hora. Ganador de los premios Eugenio Espejo UNP a mejor Entrevista\/Perfil y mejor Cr\u00f3nica en revista; al mejor reportaje del Festival Artes Vivas de Loja, y Primer Premio de Periodismo Constructivo por la Universidad Nebrija.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">Por Dami\u00e1n De la Torre Ayora En los cuentos de La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros (P\u00e1ginas de Espuma, 2024), las&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":36,"featured_media":2322,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":true,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"cybocfi_hide_featured_image":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2291","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-del-blog"],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41.jpeg",1600,1062,false],"thumbnail":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-150x150.jpeg",150,150,true],"medium":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-300x199.jpeg",300,199,true],"medium_large":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-768x510.jpeg",700,465,true],"large":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-1024x680.jpeg",700,465,true],"1536x1536":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-1536x1020.jpeg",1536,1020,true],"2048x2048":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41.jpeg",1600,1062,false],"gb-block-post-grid-landscape":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-600x400.jpeg",600,400,true],"gb-block-post-grid-square":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-600x600.jpeg",600,600,true],"post-thumbnail":["https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-1140x757.jpeg",1140,757,true]},"uagb_author_info":{"display_name":"ilia","author_link":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/author\/ilia\/"},"uagb_comment_info":5,"uagb_excerpt":"Por Dami\u00e1n De la Torre Ayora En los cuentos de La m\u00e1quina de hacer p\u00e1jaros (P\u00e1ginas de Espuma, 2024), las...","featured_image_src":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-600x400.jpeg","featured_image_src_square":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-content\/uploads\/sites\/22\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-21-at-14.26.41-600x600.jpeg","author_info":{"display_name":"ilia","author_link":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/author\/ilia\/"},"distributor_meta":false,"distributor_terms":false,"distributor_media":false,"distributor_original_site_name":"Blog F-ILIA","distributor_original_site_url":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia","push-errors":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2291","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/36"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2291"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2291\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2330,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2291\/revisions\/2330"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2322"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2291"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2291"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2291"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}