{"id":2200,"date":"2026-01-16T21:36:18","date_gmt":"2026-01-17T02:36:18","guid":{"rendered":"https:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/?p=2200"},"modified":"2026-01-16T21:36:22","modified_gmt":"2026-01-17T02:36:22","slug":"a-su-casa-se-la-llevo-el-agua","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ilia.uartes.edu.ec\/blog-f-ilia\/2026\/01\/16\/a-su-casa-se-la-llevo-el-agua\/","title":{"rendered":"A su casa se la llev\u00f3 el agua"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Mell Hungr\u00eda <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La casa no era muy grande, pero jam\u00e1s se hab\u00eda sentido perdida en ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que Zoila se mud\u00f3 hace 17 a\u00f1os, la vivienda hab\u00eda experimentado constantes cambios: la mayor\u00eda planeados, como el reemplazo del piso para mejorar la cer\u00e1mica gastada, las paredes derribadas para agrandar la estrecha sala o la escalera con barandal para que sus hijos se sujetaran al subir. Otros cambios no tan excesivos, como la ventana rota por la pelota extraviada de los revoltosos ni\u00f1os del vecindario o la puerta maltratada por los incesantes golpes del inquieto perro que sus dos hijos de veinte y catorce a\u00f1os la hab\u00edan convencido de adoptar hace un par de a\u00f1os. A pesar de las modificaciones, jam\u00e1s hab\u00eda dejado de ser su preciado hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>El amanecer del 19 de febrero, eso cambi\u00f3. Su pared, su ventana, su puerta, sus pertenencias, todo lo que ten\u00eda fue arrastrado por la presi\u00f3n del agua, expulsado hacia la acera compartida de las casas, tapando todas las posibles salidas. Un metro de agua inund\u00f3 la casa, dejando atrapados a sus dos hijos y a su madre en la sala, y a ella con el agua al pecho golpeando la puerta del ba\u00f1o, pensando c\u00f3mo llegar hacia ellos. No sab\u00eda nadar. Y esa ya no ser\u00eda su casa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Antes del desborde<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda hab\u00eda empezado bien: sus hijos dorm\u00edan pl\u00e1cidamente hasta tarde por las vacaciones lo que le dio tiempo suficiente para desayunar con calma antes de salir al trabajo. De regreso, la ausencia del tr\u00e1fico en la ruta le permiti\u00f3 volver temprano, justo antes de que las nubes volcaran sobre su cabeza una lluvia torrencial.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaba con tranquilidad cuando encontr\u00f3 a las vecinas reunidas formando un corrillo, la junta del vecindario, que hab\u00eda olvidado de nuevo. Normalmente se hubiera sentido apenada, pero ya hab\u00eda asistido a las \u00faltimas tres, todas sobre lo mismo: qu\u00e9 hacer respecto al canal bloqueado por las recientes invasiones asentadas ilegalmente en la parte de atr\u00e1s de su bloque.<\/p>\n\n\n\n<p>La preocupaci\u00f3n giraba en torno al viejo muro trasero y al miedo a que la presi\u00f3n del agua de lluvia, sin salida, terminara por hacer un hueco enorme que inundara la estrecha acera, tal como hab\u00eda sucedido el a\u00f1o anterior dentro de la misma ciudadela en el bloque de alado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Es gracias a la virgencita que esa pared no ha explotado todav\u00eda! \u2014coment\u00f3 Isabel con su caracter\u00edstico tono burl\u00f3n, y todos rieron inc\u00f3modamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n: era gracias a ese tosco altar de cemento, instalado sin autorizaci\u00f3n, que el muro no se hab\u00eda derrumbado, pues su enorme tama\u00f1o y estrat\u00e9gica posici\u00f3n evitaban que se viniera abajo, sin importar cu\u00e1n fuerte fuera la presi\u00f3n del agua embravecida. No obstante, ese a\u00f1o las lluvias se sent\u00edan m\u00e1s fuertes e incesantes. El miedo a que ese improvisado refuerzo no bastara persegu\u00eda a los angustiados vecinos. Uno de ellos, con el ce\u00f1o fruncido, sugiri\u00f3 denunciar el asentamiento ilegal a la municipalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se necesita que el municipio construya un verdadero canal y no esa rid\u00edcula canaleta que da con las paredes de nuestras casas. Vivimos al lado de un dique que puede reventar en cualquier momento. \u00a1Esto puede terminar en una tragedia! No hay que esperar a que haya un muerto \u2014concluy\u00f3 indignado, con la cara enrojecida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nadie sab\u00eda con certeza cu\u00e1nto tiempo llevaban ah\u00ed las numerosas familias ni los requisitos para considerarlos invasiones. Hab\u00edan pagado por esos terrenos, aunque no ten\u00edan permiso legal de venta. De hecho, gran parte de la ciudad Guayaquil hab\u00eda empezado as\u00ed, como asentamientos irregulares. Ella continu\u00f3 caminando hacia su hogar con paso cansado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando pas\u00f3 el callej\u00f3n y vio el grupo de vecinas, sinti\u00f3 esa punzada inquietante que la hab\u00eda acompa\u00f1ado cada vez que llov\u00eda el \u00faltimo a\u00f1o. El tumulto era m\u00e1s grande que de costumbre: m\u00e1s cuerpos, m\u00e1s manos hablando en el aire, m\u00e1s sombras en el rostro de cada una. No era la t\u00edpica reuni\u00f3n de quejas dom\u00e9sticas. Se respiraba algo m\u00e1s denso.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo parec\u00eda de plomo. El aire, caliente y h\u00famedo, estaba detenido. Y entre las voces alcanz\u00f3 a escuchar las palabras que siempre terminaba apareciendo: \u201cpared\u201d. Luego \u201ccanal\u201d, \u201chundimiento\u201d, \u201cinvasiones\u201d. Y otra vez ese murmullo que dol\u00eda m\u00e1s que cualquier otra acusaci\u00f3n: \u201clos de all\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El bloque donde viv\u00eda estaba compuesto por 62 casas, organizadas en dos filas que se enfrentaban \u2014una de pares y otra de impares\u2014 separadas por un portal peatonal ancho de cemento por donde no circulaban carros, solo personas. Las casas eran similares en estilo y tama\u00f1o, de dos plantas, con sala-comedor, cocina, dormitorio, portal delantero y patio, construidas una junto a otra, compartiendo paredes y muros estructurales.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas lleg\u00f3 al c\u00edrculo, sinti\u00f3 la tensi\u00f3n. Una de las vecinas levant\u00f3 la mano para ilustrar el nivel que alcanzaba el agua cuando llov\u00eda fuerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Apenas caigan las primeras gotas \u2014dijo con esa voz desesperada de quien ya vivi\u00f3 el desastre\u2014. El muro no aguanta, se\u00f1oras. No aguanta.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos asintieron. La preocupaci\u00f3n en sus rostros era cada vez m\u00e1s evidente. Este a\u00f1o hab\u00eda algo distinto, el miedo ven\u00eda acompa\u00f1ado de rabia. Rabia y cansancio.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces habl\u00f3 Ernesto, el nuevo, con voz grave:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ese canal est\u00e1 mal construido. Y las casas del otro lado tambi\u00e9n. Y ellos lo saben. \u00a1Claro que lo saben!<\/p>\n\n\n\n<p>La frase cay\u00f3 como piedra en agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sab\u00eda a qu\u00e9 se refer\u00eda. Todos lo sab\u00edan. Porque el a\u00f1o anterior el municipio hab\u00eda dejado notificaciones pegadas en el muro, avisando del riesgo del canal. Avisos escritos en ese lenguaje municipal que parece que dice mucho, pero en realidad no dice nada, salvo: \u201cSi llueve fuerte, esto se cae. No es culpa nuestra.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Los del otro lado tambi\u00e9n las vieron. Pero no se fueron. No pod\u00edan irse.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso era lo que los vecinos evitaban mirar de frente: las personas hab\u00edan pagado por sus terrenos.<\/p>\n\n\n\n<p>A su mente vino el recuerdo de la \u00faltima reuni\u00f3n que hab\u00edan tenido con el consejo de vecinos del bloque para solucionar el problema hace un par de meses.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mire, se\u00f1or, si yo pudiera me fuera ma\u00f1ana mismo. \u00bfUsted cree que uno quiere vivir con ese miedo? \u2014dijo una mujer durante una de las reuniones improvisadas al borde del canal, mientras sosten\u00eda un pl\u00e1stico azul que serv\u00eda de techo\u2014. Pero yo ya pagu\u00e9 por este terreno. Mi marido tambi\u00e9n. \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer? \u00bfRegresar a vivir arrimados donde la familia?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El terreno es ilegal, do\u00f1a. Eso ya se lo dijeron los del municipio \u2014respondi\u00f3 un vecino de este lado, un hombre que llevaba semanas desvel\u00e1ndose por la idea de que un deslizamiento acabara con su patio y la pared trasera de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer lo mir\u00f3 con una mezcla de cansancio y rabia, como quien ya ha tenido esa conversaci\u00f3n demasiadas veces.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ilegal para ellos. Pero yo pagu\u00e9. \u00bfA qui\u00e9n le reclamo? \u00bfAl estafador ese que desapareci\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>Esa frase qued\u00f3 suspendida en el aire, atravesando el canal como una sentencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque esa era la parte que nadie quer\u00eda enfrentar directamente: las familias del otro lado tambi\u00e9n pagaron. Pagaron con ahorros, con pr\u00e9stamos, con cuotas que a\u00fan deb\u00edan. Pagaron pensando que tendr\u00edan un lugar propio, aunque ese \u201cpropio\u201d nunca existi\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de un papel firmado en una mesa de pl\u00e1stico. Y aunque supieran que el terreno era cuestionable, no pod\u00edan aceptar perder lo poco que hab\u00edan conseguido.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras m\u00e1s se repet\u00eda la historia, m\u00e1s evidente se volv\u00eda que este conflicto no era simplemente legal, sino existencial.<\/p>\n\n\n\n<p>La reuni\u00f3n de vecinos que se organiz\u00f3 el jueves por la tarde fue una muestra clara de esa complejidad. La lluvia amenazaba con caer, pero aun as\u00ed acudieron casi todos. Las sillas pl\u00e1sticas estaban alineadas como si fuera un acto c\u00edvico, aunque nadie ten\u00eda la paciencia ni el \u00e1nimo para discursos formales. La presidenta del comit\u00e9 barrial intent\u00f3 dar orden a la conversaci\u00f3n, pero pronto la realidad se abri\u00f3 paso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Compa\u00f1eros, la situaci\u00f3n est\u00e1 grave. Ya nos dijeron que el drenaje est\u00e1 obstruido por las casas del borde. Si se desborda el canal, no solo ellos pierden sus viviendas. Nosotros estamos en riesgo tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 quiere que haga uno, pues? \u2014pregunt\u00f3 un hombre del otro lado, que hab\u00eda cruzado por una tabla improvisada para asistir, aunque muchos lo miraran con recelo\u2014. \u00bfQue recoja mis cosas y me vaya a d\u00f3nde? \u00bfA un albergue que dura una semana y luego nos sacan? \u00bfA dormir en la calle?<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un silencio inc\u00f3modo. Incluso quienes defend\u00edan con firmeza que las casas deb\u00edan retirarse sab\u00edan que \u00e9l ten\u00eda raz\u00f3n. La municipalidad hab\u00eda enviado advertencias, s\u00ed; hab\u00edan ofrecido charlas, pero no alternativas reales. Nadie les dio un terreno nuevo, nadie les brind\u00f3 una reubicaci\u00f3n estable. Lo \u00fanico que entregaron fueron \u201crecomendaciones\u201d que sonaban m\u00e1s a ultim\u00e1tum que a apoyo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una de las esquinas, una mujer mayor intervino:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El a\u00f1o pasado ya les avisaron que eso se iba a caer. Ustedes mismos lo saben. \u00bfY ahora qu\u00e9? \u00bfEsperar a que una desgracia nos lleve a todos?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero antes de que las palabras calaran, otra voz se elev\u00f3 desde el sector de los ocupantes:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No hable como si quisi\u00e9ramos da\u00f1ar a alguien! \u00a1Ese terreno nos lo vendieron! \u00bfUsted cree que uno va y construye as\u00ed nom\u00e1s? Nosotros confiamos en que era legal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero sab\u00edan desde el a\u00f1o pasado que no lo era \u2014replic\u00f3 un joven estudiante, con tono firme\u2014. Si ya hab\u00edan recibido la notificaci\u00f3n, \u00bfpor qu\u00e9 siguieron ampliando las casas? \u00bfPor qu\u00e9 pusieron m\u00e1s bloques?<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre respir\u00f3 hondo antes de responder:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque es mi casa, mijo. Porque cuando uno ha levantado algo con esfuerzo, uno se aferra. Aunque le digan que un d\u00eda se lo puede llevar el agua, uno se aferra.<\/p>\n\n\n\n<p>La presidenta del comit\u00e9 trat\u00f3 de retomar el hilo, pero lo cierto es que ya hab\u00eda dicho lo que deb\u00eda decir. Todos estaban atrapados en la misma verdad inc\u00f3moda: las familias del otro lado ten\u00edan responsabilidad en mantenerse all\u00ed despu\u00e9s de las advertencias, s\u00ed, pero tambi\u00e9n eran v\u00edctimas de un sistema que las hab\u00eda empujado a ese lugar. No ten\u00edan d\u00f3nde m\u00e1s ir, porque lo que pagaron no pod\u00eda recuperarse. Nadie indemnizaba. Nadie devolv\u00eda nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro lado del canal hab\u00eda miedo, desesperaci\u00f3n y una dignidad tozuda que se aferraba al \u00fanico techo que hab\u00edan logrado conseguir.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la noche avanzaba, los vecinos regresaron a sus casas con la sensaci\u00f3n de que hab\u00edan hablado mucho sin resolver nada. Las luces improvisadas del otro lado parpadeaban, iluminando techos de zinc, paredes a medio enjarrar, cuartos sin terminar. Eran casas fr\u00e1giles, s\u00ed, pero casas al fin. Y aunque la lluvia no hab\u00eda empezado, ya todos sab\u00edan que pronto llegar\u00eda, cargando consigo un veredicto que nadie quer\u00eda enfrentar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La calma y la tormenta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una vez dentro, cay\u00f3 rendida al desgastado sof\u00e1, dejando caer su bolso. Salud\u00f3 con una leve sonrisa a sus hijos y a su madre mientras ellos acomodaban la mesa para merendar. La lluvia se escuchaba cada vez m\u00e1s cerca, con un rumor amenazante. Ella se sent\u00f3 pesadamente a acompa\u00f1arlos, a\u00fan en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo quieres comer nada? \u2014pregunt\u00f3 su madre con voz rasposa al terminar de recoger los platos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No todav\u00eda, creo que me ir\u00e9 a ba\u00f1ar y de ah\u00ed veo \u2014respondi\u00f3 lac\u00f3nicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Bes\u00f3 su arrugada mejilla y subi\u00f3 con pasos lentos. Estaba a punto de secarse cuando un estruendo ensordecedor la sobresalt\u00f3. Una violenta avalancha de agua sucia y pedazos de cemento entr\u00f3 al ba\u00f1o de golpe, algo inexplicable. La pared del patio vecino hab\u00eda explotado por la feroz presi\u00f3n, llev\u00e1ndose tambi\u00e9n la pared que compart\u00edan con su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus dos hijos y su madre estaban en la sala. Alcanz\u00f3 a distinguir sus gritos desesperados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien, mam\u00e1? \u2014grit\u00f3 Oliver el mayor de sus hijos, con voz temblorosa. Pero ella no pod\u00eda responder, paralizada por el miedo, con la mente nublada y sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron segundos que se sintieron eternos hasta que logr\u00f3 decirles, con voz ahogada, que estaba bien, que ya ver\u00eda c\u00f3mo salir, pero que intentaran salir ellos mientras tanto. Sin embargo, la puerta principal estaba cerrada con llave y el furioso torrente de agua no los dejaba ver d\u00f3nde hab\u00eda quedado.<\/p>\n\n\n\n<p>La desesperaci\u00f3n y el nivel del agua aumentaban al mismo tiempo, hasta que ya cubr\u00edan por completo el piso de la sala. Cuando logr\u00f3 salir con dificultad del ba\u00f1o, avanz\u00f3 a ciegas y se meti\u00f3 en la cocina, tanteando las paredes con las manos entumecidas. El l\u00edquido caf\u00e9 y nauseabundo le llegaba hasta el pecho; al rozarle los labios dej\u00f3 un sabor acre y espeso, imposible de tragar, una mezcla asfixiante de agua pluvial, tierra removida y trozos de cemento que se le met\u00eda por la nariz y la garganta. Cada respiraci\u00f3n ard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Les grit\u00f3 con voz ronca a sus hijos que intentaran mover los pesados muebles, pero estaban atrapados: la puerta no abr\u00eda por m\u00e1s que la empujaban. Ellos comenzaron a gritar y pedir auxilio con todas sus fuerzas, con la esperanza de que alg\u00fan vecino los escuchara y los ayudara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ella dio un salto para subirse al h\u00famedo mes\u00f3n de la cocina, a\u00fan envuelta en la empapada toalla. El agua continuaba subiendo inexorablemente y ellos segu\u00edan encerrados dentro de la casa inundada. Buscaba desesperadamente con la mirada la llave entre las crecientes y turbulentas olas marrones.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00edan que salir de ah\u00ed o morir\u00edan ahogados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los vecinos los oyeron. Desde afuera, algunos levantaron la cabeza al escuchar los gritos, otros se acercaron a las puertas de sus casas, mirando hacia el bloque, tratando de entender de d\u00f3nde ven\u00eda ese llamado desesperado. Pero no comprend\u00edan qu\u00e9 estaba ocurriendo: ignoraban que la pared hab\u00eda cedido y que el agua ya hab\u00eda entrado con violencia, mientras sacaban con baldes el agua de la zanja que hab\u00eda inundado sus propias casas hasta los tobillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristian, el vecino que acababa de llegar con su perro \u201cDon Firulais\u201d, escuch\u00f3 los gritos y se acerc\u00f3. Intent\u00f3 derribar la puerta hacia adentro, pero el agua hac\u00eda presi\u00f3n. La ventana con rejas no ced\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Esp\u00e9renme! Voy a buscar un fierro para tirar la puerta \u2014les dijo, y sali\u00f3 a advertir a los vecinos y a preguntar si alguien ten\u00eda una pala o un fierro.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie ten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Frustrado, regres\u00f3 e intent\u00f3 patear la puerta, sin \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Oliver, hijo, esc\u00fachame. \u00bfHay algo pesado ah\u00ed adentro? Necesito que lo arrojes con fuerza contra la puerta. Cuando ceda un poco, podr\u00e9 jalarla hacia afuera, pero debe ser algo pesado. \u00bfEntiendes?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014respondi\u00f3 Oliver en voz baja.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo pesado que pudiera levantar. El mueble. Si lo arrojaba contra la puerta, esta ceder\u00eda y dejar\u00eda salir el agua. Pero no pod\u00eda levantarlo solo. Tendr\u00eda que arrojarse con \u00e9l para hacer suficiente peso y asegurar que, de un solo golpe, se abriera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00edtese de enfrente y p\u00f3ngase a un lado de la puerta! \u00a1Voy a arrojarme y necesito que me atrape si el agua me lleva!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, espera\u2026 \u2014grit\u00f3 el vecino.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Oliver ya no lo escuch\u00f3. Tom\u00f3 el mueble y, con todas sus fuerzas, se arroj\u00f3 contra la puerta. La madera cedi\u00f3 con el peso, dejando salir el agua y expuls\u00e1ndolo contra el piso. Sinti\u00f3 un corte en el brazo, un tir\u00f3n en el hombro y el agua pasando sobre \u00e9l. No pas\u00f3 un minuto hasta que el vecino lo levant\u00f3 de la camisa. El agua sali\u00f3 como un arroyo por la acera. El golpe fue tan fuerte que Oliver termin\u00f3 con el hombro lesionado. Mir\u00f3 a su madre a\u00fan adentro, sobre el mes\u00f3n, y a su hermano menor intentando ayudarla. Trat\u00f3 de entrar de nuevo, pero la corriente del agua no lo dejaba avanzar.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, pasaron unos minutos hasta que el agua cedi\u00f3 un poco y le permiti\u00f3 entrar. Oliver y Francesco, sus hijos, agarraron el otro mueble que estaba todav\u00eda adentro y lo arrastraron hasta la cocina. Ah\u00ed subieron a su madre para sacarla con lo poco que hab\u00eda alcanzado a ponerse: una blusa y la toalla. Ella estaba en shock.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza del agua hab\u00eda arrastrado todo lo que estaba en la planta baja: sus muebles, su refrigeradora, su cocina, los retratos familiares en la pared. Su pared ya no exist\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Su familia estaba bien, pero a su casa se la hab\u00eda llevado el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Su casa se hab\u00eda inundado por completo y ella se qued\u00f3 quieta, viendo todas sus pertenencias ser arrastradas. Los vecinos empezaron a salir poco a poco, tratando de ayudarla. Se pararon frente a la zanja, recogiendo sus zapatos, las carpetas de la escuela de sus hijos, sus ollas, todo lo que pod\u00eda rescatar. Lo agarraron, lo tomaron, lo alzaron, tratando de reconstruir, pedazo a pedazo, lo que alguna vez fue su hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron horas en esa rutina, llenos de tierra, empapados de agua, recogiendo entre vidrios y basura sus cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed transcurri\u00f3 la madrugada del diecinueve de febrero, en compa\u00f1\u00eda de sus vecinos, recogiendo las partes de su hogar. Y cuando el sol por fin se asent\u00f3 en el cielo, ella, sus hijos y su madre se sentaron en el portal de al frente para observar de nuevo su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfC\u00f3mo pas\u00f3 esto?\u201d, dijo una voz en su cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Su nieto le tendi\u00f3 la mano y la ayud\u00f3 a levantarse. Juntos miraron su casa una \u00faltima vez antes de ir rumbo a la casa de su t\u00eda, que los recibir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque a su casa se la hab\u00eda llevado el agua.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>SOBRE LA AUTORA: <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Mell Hungr\u00eda (Guayaquil, 2004) es estudiante de Literatura. Le interesan las narrativas escritas por mujeres, tiene una peligrosa inclinaci\u00f3n a adoptar gatos de las calles y a creer en las energ\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">En esta entrada, Hungr\u00eda evidencia c\u00f3mo la lluvia que alegra a varios puede llegar a ser la tragedia de otros. 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